PAINTBALL VINTAGE

Más de 30 años detrás de una marcadora

En 1988 escuché hablar del paintball por primera vez. La curiosidad me llevó a investigar y, en la biblioteca de la universidad donde estudiaba, encontré un artículo que explicaba los conceptos básicos de esta actividad y hasta planteaba la posibilidad de armar un campo de paintball.

Por aquellos años también había escuchado comentarios sobre algunos lugares donde se jugaba en la Argentina. Se hablaba de campos en la costa y de un lugar llamado Target, cerca de Aeroparque. Nunca pude encontrarlos. Eran, por entonces, historias que circulaban de boca en boca: alguien había jugado allí, alguien conocía a alguien que jugaba.

A ese primer contacto se sumó algo que terminó de despertar mi interés: las películas de Hollywood. En varias aparecían equipos que disparaban cápsulas de pintura, generalmente en escenas de comedia. Yo las veía y pensaba simplemente: esto es genial.

1993: el primer contacto real

En 1993 escuché hablar de un campo ubicado en las inmediaciones del río Reconquista. Un amigo, con quien conversábamos constantemente sobre esta actividad, consiguió ir a jugar.

Se integró a un equipo y volvió completamente entusiasmado. Recuerdo aquellas conversaciones interminables por teléfono de línea, contando cada detalle de lo que había vivido.

Por fin, aquello que hasta entonces eran artículos, comentarios y películas comenzaba a convertirse en una realidad.

1994: empieza la fiebre

En 1994, una inundación del río Luján arrasó con aquel campo. Poco tiempo antes se había realizado allí una entrevista para el programa “El otro lado”, ciclo periodístico-documental creado por Fabián Polosecki.

El capítulo, titulado “De armas llevar”, mostraba a un grupo de personas jugando paintball y entrevistaba a algunos de sus protagonistas. Para quienes estábamos descubriendo esta actividad, aquel programa fue una ventana hacia un mundo prácticamente desconocido.

Para mediados de 1994 ya habíamos tomado contacto con aquel grupo, que comenzó a organizar juegos en Escobar.

Y ahí empezó la fiebre por el paintball.

En ese lugar nos encontramos con un grupo de verdaderos inadaptados, pero con códigos. Jugábamos contra el equipo del campo y, para nuestra sorpresa, casi siempre terminábamos ganándoles.

El punto máximo llegó en el Big Game “Delta del Mekong”, de 24 horas. Después de que las marcadoras dejaran de funcionar, de perder gas por todos lados y de agotar prácticamente todos los recursos, terminamos lanzando las cápsulas con la mano.

Y ganamos el encuentro.

Después de aquella experiencia llegó el siguiente paso: comprar nuestro propio equipamiento.

Aparecieron las primeras Tippmann Pro-Carbine, F2 Illustrator y VM-68, marcadoras semiautomáticas que en aquella época ofrecían una cadencia de tiro y una confiabilidad que las diferenciaban claramente de muchas otras alternativas disponibles.

La información llegaba por las revistas especializadas que podían encontrarse en algunos kioscos de la calle Florida y mediante catálogos internacionales, principalmente I&I Sports y US Cavalry.

Jugábamos donde podíamos

Con nuestras máscaras, marcadoras y cápsulas empezamos a jugar prácticamente en cualquier lugar donde hubiera un terreno disponible.

Los Celtas y Los Pampas, en Parque Sarmiento, detrás del Autódromo —incluso durante la época en que competía la Fórmula 1— y en muchos otros lugares.

En aquellos tiempos ni siquiera se gritaba “baja” por un impacto.

Se gritaba “baja” por dolor.

También llegaban noticias de otros grupos que jugaban en una isla del Tigre y de otros que lo hacían en los bosques de Ezeiza.

Con algunos de ellos terminamos encontrándonos en un desafío en esos bosques. Allí, uno de nuestros equipos amigos, Wild Dogs, protagonizó una de esas escenas que quedaron grabadas en la memoria: al grito de “¡minuto loco!”, salieron a correrlos por todo el campo.

Eran otros tiempos.

No había redes sociales, no había YouTube, no había tutoriales ni tiendas online.

Para encontrar jugadores había que conocer gente, llamar por teléfono y salir a buscar el paintball.

1995: nace el campo

Después tomé contacto con gente de la armería GEVIAR, quienes se reunían para jugar en la isla de un amigo. Nunca llegué a participar de esos encuentros porque en 1995 comenzó una nueva etapa: la locura de tener nuestro propio campo.

Se adquirió el terreno, se lo acondicionó y comenzó el proyecto.

Compramos marcadoras en Estados Unidos —principalmente semiautomáticas, como VM-68 y Tippmann Pro-Lite— y también incorporamos un remanente de aproximadamente 200 marcadoras pump, además de máscaras, loaders y cápsulas de pintura que se encontraban en poder de RP Scherer Argentina, empresa que había quedado con equipamiento proveniente de algunos de aquellos primeros campos de los que tantas veces habíamos escuchado hablar.

A partir de entonces comenzamos a importar directamente desde Estados Unidos y a representar diferentes marcas vinculadas al paintball.

Lo que había comenzado como una curiosidad terminó convirtiéndose en una actividad que ocuparía 23 años de nuestra vida.

23 años viviendo el paintball

Durante esos años arbitramos equipos, organizamos juegos diurnos y nocturnos, grandes eventos y viajes.

Jugamos y organizamos actividades en Córdoba, Ushuaia, Las Grutas, Tucumán, Salta y en numerosos lugares, incluso en los rincones más alejados de la provincia de Buenos Aires.

También tuvimos un campo indoor, aunque durante unos pocos meses.

Promovimos el paintball en exposiciones y fuimos pioneros en la organización de eventos corporativos, utilizando el paintball como herramienta para capacitar, recrear y motivar equipos de trabajo de grandes empresas y multinacionales.

El paintball dejó de ser solamente un juego.

Se convirtió en una profesión, una empresa y, fundamentalmente, en una forma de vida.

2000–2001: el salto internacional

Para los años 2000 y 2001 ya viajábamos a la World Cup de Paintball.

Habíamos abierto la primera tienda física especializada en paintball de la Argentina, organizado el primer torneo de Speedball en La Rural y nos habíamos convertido en uno de los principales importadores de paintball, marcadoras y equipamiento para el deporte en el país.

La actividad había crecido enormemente.

Y nosotros crecíamos con ella.

2014: Tippmann

En 2014 apareció una nueva oportunidad: trabajar directamente para Tippmann, con sede Fort Wayne  Indiana, Estados Unidos.

Me incorporé como representante de ventas para el mercado de habla hispana y como embajador de la marca para América Latina.

Participé nuevamente en la World Cup de Orlando y en distintos eventos realizados en Estados Unidos y América Latina.

También desarrollé tareas de servicio técnico especializado para marcadoras Tippmann en grandes eventos y juegos internacionales, entre ellos Gold Water en Córdoba, Mega Jogo en Brasil, Tippmann Challenge en México y Tippmann Challenge en Uruguay, entre otros.

Aquella etapa significó algo muy importante: después de tantos años utilizando, reparando y comercializando marcadoras Tippmann, pasé a trabajar directamente junto a la propia marca.

Una nueva etapa

Más adelante vendí mi participación en La Colina y Deportes Alternativos.

Desde 2019 continué reparando y comercializando equipamiento de paintball, mientras desarrollaba otra de mis grandes pasiones: la Militaria.

Y de la combinación de todas esas experiencias nace esta nueva etapa.

Paintball Vintage

Paintball Vintage no nace de una idea de marketing.

Nace de más de tres décadas de experiencia.

Desde aquellas primeras revistas encontradas en una biblioteca en 1989, pasando por los primeros juegos, los campos,  los amigos, los colaboradore toda la gente que conoci   y me ayudo, las importaciones, los torneos, los grandes eventos, los viajes y miles de marcadoras reparadas, hasta el trabajo junto a Tippmann y el desarrollo del servicio técnico especializado.

Hoy el objetivo es mucho más simple:

que una marcadora funcione como debe funcionar.

Por eso el foco de Paintball Vintage está puesto en la calidad, el conocimiento técnico, la selección de repuestos y la atención al detalle.

Porque sabemos lo que significa llegar a un campo para jugar una jornada completa y que una marcadora falle,  también sabemos lo que significa abrirla, encontrar el problema y solucionarlo.

Paintball Vintage es una nueva etapa, pero con una experiencia que comenzó hace más de 30 años.

Servicio técnico especializado. Repuestos. Experiencia.

Sobre todo, una premisa:

Que puedas disfrutar del juego sin preocuparte por tu marcadora.